9 agosto, 2021

Lección 3: EL AMOR

"Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.                         (1 Juan 4:7)

El rasgo distintivo de los cristianos es el amor. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:3). Y el apóstol Juan dice que “el que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:8).

Un hombre le preguntó a Jesús: “¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:35-39).

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:20-21). La religiosidad sin amor es como el metal que resuena, fría y vacía; y no sirve de nada a quien la practica. El religioso que vive sin dar amor se engaña a sí mismo, se cree que es algo cuando en realidad no es nada.

¿Cómo es el amor?

La mejor manera de responder a esta pregunta es leyendo lo que el apóstol Pablo dice en el capítulo 13 de su primera carta a los Corintios:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser;” (1 Corintios 13:4-8). Esta es la clase de amor que Dios quiere que tengamos.

¿Cómo se manifiesta el amor?

Jesús es la mayor manifestación de amor que el mundo ha visto. Su amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, y ahora espera que sigamos sus pasos: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15).

El perdón es una manifestación de amor. Jesús ha perdonado nuestros pecados, y ahora espera que nosotros hagamos lo mismo con los que nos ofenden.

“De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosense 3:13).
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15)
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Dios quiere que perdones a los que te han ofendido: familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, e incluso a tus enemigos. Debes perdonar a todos. Jesús fue crucificado entre dos malhechores, en un lugar llamado la Calavera. ¿Sabes qué decía estando en la cruz? “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

El amor acepta a los demás. Una de nuestras necesidades básicas es sentir que somos aceptados por nuestros seres queridos. Hay mucha gente que se siente rechazada por los que les rodean. Ese sentimiento les causa profundas heridas emocionales.

Jesús abre sus brazos y nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Jesús nos recibe a todos, y espera que nosotros hagamos lo mismo con los demás. El apóstol Pablo dice: “Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió” (Romanos 15:7). El amor de Cristo nos mueve a aceptar al “otro” con sus diferencias.

Aceptar a los demás significa ser tolerante ante las diferencias de carácter o personalidad. No hay dos personas iguales. Vivimos en un mundo marcado por las diferencias, y hemos de hacer un esfuerzo de comprensión y aceptación mutua. La Biblia nos exhorta a “soportarlos con paciencia los unos a los otros en amor” (Efesios 4:2).

El amor se expresa sirviendo a los demás. Jesús dijo de sí mismo que “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Jesús anduvo haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo. Su vida fue una continua ex presión de servicio.

Jesús subrayó la importancia del servicio con un ejemplo personal. Mientras cenaba con sus discípulos, “se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”. Y cuando terminó, les dijo: “Vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. La lectura completa de este episodio la tienes en Juan 13:1-15.

Jesús nos enseña a servir por amor, sin esperar nada a cambio. El que sirve por precio o recompensa es simplemente un asalariado. La Biblia dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24).

Enseñando sobre el día en que las naciones serán juzgadas, Jesús dijo que todo lo que hacemos por los que sufren y tienen necesidad es como si se lo hiciéramos a él. Este es el servicio al que Dios nos ha llamado. Léelo en Mateo 25:31-46.