9 agosto, 2021

Lección 2: ORAR

"Orad sin cesar." (1 Tesalonicenses 5:17)

Hay pocas cosas en la vida que hagamos sin cesar. No comemos sin cesar, ni bebemos sin cesar, no trabajamos sin cesar, ni dormimos sin cesar. En realidad no hay nada que hagamos sin cesar, excepto respirar. Si dejamos de respirar nos morimos. Igual pasa con la oración.

¿Qué es orar?

La oración es la respiración del alma. Mediante la oración entramos en la atmósfera de Dios y respiramos su presencia. Sin oración el alma se muere. Por eso necesitamos orar sin cesar. El apóstol Pablo nos dice que debemos “orar en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18).

Orar es hablar con Dios. No consiste en rezos ni en decir cosas que otros han dicho, sino en abrir el corazón delante de Dios. La verdadera oración es aquella que expresas con tus propias palabras. Al orar estás hablando con Dios como lo harías con un amigo.

La oración es al mismo tiempo una expresión de amor. Cuando amas a una persona deseas estar con ella el mayor tiempo posible, las horas pasan rápidamente y todo el tiempo del mundo te parece corto. Si tu amor por Dios es real, desearás pasar tiempo en su presencia para conocerle más.

¿Cómo hemos de orar?

Una vez los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar, y él les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Lucas 11:1-4).

Jesús no pretendía que los discípulos repitieran esa oración siempre que se pusieran a orar. Se trataba de una oración guía, es decir, de un modelo para expresar correctamente sus propias oraciones. Así, nuestras oraciones deben tener por lo menos estos ingredientes:

  • Adoración y alabanza. Así reconocemos lo que Dios es y su autoridad sobre nosotros. El es santo y sublime, y es también nuestro Padre
  • Intercesión. Es la oración que hacemos por los demás, por la obra de Dios, por el mundo, por nuestro país, por nuestros familiares y amigos.
  • Petición. Es la oración que hacemos por nosotros mismos, por nuestras necesidades personales, económicas, reconociendo así que Dios es la fuente de todo bien.
  • Confesión. Al pedir perdón de nuestros pecados nos acogemos a su gracia y misericordia, recordando que debemos perdonar a los demás si queremos ser perdonados. Ora en el nombre de Jesús. “De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:23-24). Termina siempre tus oraciones con expresiones como éstas: “En el nombre de Jesús. Amén”. “En el nombre de Jesús, tu Hijo amado. Amén”. Si quieres que Dios escuche tu oración, hazla siempre en el nombre de Jesús.
  • Ora con fe. Jesús dijo: “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24). “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).
  • Sé perseverante. La perseverancia es hermana de la fe. Jesús nos enseña a orar insistentemente, día tras día, hasta recibir la respuesta a nuestras oraciones (Lucas 11:5-10). La Parábola de la viuda y el juez injusto es una buena ilustración de la necesidad de orar y no desmayar. Leela Está en Lucas 18:1-8.
  • Sé agradecido. Dios quiere que aprendas a diferenciar entre lo que te gustaría y lo que necesitas, entre el capricho y la necesidad. El suplirá tus necesidades (Filipenses 4:19). Así que, ora con un corazón confiado, agradecido por su bondad para contigo.